LA VANGUARDIA
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¿Qué tal una dosis de las hermanas Bronté (Jane Eyre, Cumbres borrascosas, etc.) para sanar el corazón roto? ¿Y una inyección de Hemingway para sobrellevar los días de resaca? La botica de los biblioboticarios puede incluir bálsamos beckettianos, torniquetes tolsonianos, los calmantes de Calvino y las purgas de Proust y Perec. Pero también lecturas reconstituyentes: desde El asno de oro, del siglo II, hasta los tónicos contemporáneos de Jonathan Franzen o Haruki Murakami.