HISTORIA Y VIDA
Compartir esta entrada
La soledad casi mística de los viajes polares ha dado paso a que el Ártico se haya convertido en la última frontera por explotar de los tres grandes imperios actuales. La fiebre polar, como la del oro en su día, está haciendo aflorar incalculables riquezas (petróleo, gas licuado, reservas de agua dulce, pesca, oro, uranio, tierras raras imprescindibles para las nuevas tecnologías, etc.) a medida que se intensifica el deshielo. Dentro de diez años, el Ártico podría ser un mar tan grande como el Mediterráneo con nuevas rutas alternativas al canal de Suez y de Panamá. Para un número creciente de analistas, es como si se hubiera descubierto una nueva América en pleno siglo XXI, explica Marzio G. Mian, autor del libro «Guerra blanca» (Ned Ediciones).