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¿Y si la crisis de atención fuera una mera distracción?, se pregunta The New Yorker para contrarrestar la avalancha de libros que denuncian que nuestra capacidad de atención no va mucho más allá de ver vídeos cortitos en bucle, saltar de enlace electrónico en enlace (“ahora lo normal es leer el titular y hablar como si se hubiera leído el artículo entero”, se comenta en el mundillo periodístico), sobreexcitarnos con bulos y reír con memes.